Los tejados rojizos de teja árabe, contrastan con el blanco de las fachadas.
El Cerro de Andévalo mantiene, con sus calles estrechas y empinadas y sus callejas antiguas, el encanto de un pueblo cercano a la sierra.

Creciendo alrededor de la Iglesia de Santa María de Gracia, las calles son largas y las casas, de amplias fachadas las cercanas a la iglesia, guardan una estructura parecida en su construcción, enfocada a las labores del campo, contando muchas con una puerta trasera, la "puerta de campo", por la que accedían los animales de carga a los patios y con un "doblao", planta superior que se usaba como almacén.

En la Plaza de España la Iglesia de Santa María de Gracia se alza como edificio principal y más importante.
Construida por Hernán Ruiz, en el siglo XVI, arquitecto que diseñó el remate de La Giralda de Sevilla, reúne elementos de diferentes estilos.
Hubo de ser reformada en dos ocasiones para cubrir las necesidades de culto de la población que crecía.
Edificio majestuoso, interior y exteriormente, su esbelta torre, permite divisar desde su altura gran parte del campo de El Cerro.
Junto a la Iglesia se sitúa la Ermita de la Trinidad. Construida en el siglo XVI. Contiene en su interior una bóveda de horno y dos de cañón muy bien conservadas.
Desde mucho tiempo atrás este edificio dejó de tener fin religioso y en la actualidad se ha convertido en el centro de las actividades culturales de la villa.
Mantiene una programación constante de exposiciones, conferencias y conciertos, que le confieren una gran importancia en la vida de los cerreños.
El Ayuntamiento y el Convento de las Hermanas de la Cruz se unen al conjunto de edificios remarcables hallados en la principal plaza de la población.
La Plaza del El Cristo, de la que se tienen datos de principios del siglo XVIII, está rodeada por casas de construcción típica en el Andévalo.
Su nombre deviene de otra de las ermitas que tuvo El Cerro, la del Cristo de la Humildad, desaparecida antes de la guerra civil.
Punto cumbre de la Semana Santa cerreña, en ella se encuentran la Madre y su Hijo, en un Jueves Santo lleno de emoción y estética puesta en escena.
A finales de Agosto se celebra en esta plaza la Verbena de San Bartolomé, en honor al santo al que se ha guardado gran devoción en El Cerro desde siglos. La verbena cierra el verano de la villa reuniendo a los cerreños, que conviven durante dos noches.
Junto al Cementerio Municipal, la Ermita de la Virgen de los Dolores, con sus muros encalados, es otro de los lugares más visitados y con más importancia religiosa en la población. Aunque no está claramente determinada la fecha de su construcción, pudo ser esta a principios del siglo XVI, bajo la advocación de San Sebastián.
La imagen de la Virgen de los Dolores, que todos los años es subida hasta la iglesia para ser procesionada durante la Semana Santa, se halla en esta ermita y es venerada con gran devoción por los cerreños.
Su talla actual data de 1938,obra de Lastrucci,en sustitución de la anterior imagen, desaparecida durante la guerra civil.
Fuera de la población, y viajando hacia el sur, nos encontramos con El Regente.
Esta construcción, del siglo XVIII, alberga lo que en su día fue un molino de aceite y junto a este estuvo una ermita en honor a la Virgen de Andévalo.
Su nombre proviene del que fuera su propietario, D. Jacinto Márquez, un destacado vecino de El Cerro, nombrado por Felipe V Regente de la Audiencia de Sevilla.
Actualmente se encuentra en proyecto su restauración.
Aldea de Montes de San Benito.

A 16 km de El Cerro está la aldea de Montes de San Benito.
Con unos 200 habitantes, se encuentra rodeada de un hermoso paisaje de dehesa, en la que se integra con sus calles en cuesta y sus casas blancas, cogiendo su nombre de la proximidad del Campo de San Benito, cuyo Santuario nos encontramos a 2,6 km de la población y distante 22 kms de El Cerro.
Los Montes de San Benito es el único núcleo de población, del término de El Cerro, que mantiene un número importante de habitantes.

En tiempo rodeado por minas, la ocupación de los vecinos gira entorno a las labores agrícolas y ganaderas como principal sustento.
Al oeste de la antigua calle Castillo, la Universidad de Huelva, ha excavado una ciudad del siglo IV a de C de época turdetana.

Ermita de San Benito
Se tiene constancia de la edificación de esta ermita en 1435, porque el edificio se convierte en centro medidor de Campo de Andévalo, con motivo de los pleitos sevillano-ducales por la posesión de este campo (Rico, 1995)
Imaginada pequeño eremitorio que se asola, fábrica importante después, albergará, desde 1667, la fiesta y función de la boda patronal de los cerreños con San Benito y, desde mucho antes, el jubileo que se ganaba en la vigilia de marzo, a este mismo Santo.
Lugar de privilegiada situación, rodeada de un halo de sincretismo religioso, próxima al lugar árabe de Andévalo, envuelta en toponimia romana, se acentúa, hoy, su importancia por el descubrimiento de una ciudad Turdetana, a escasos metros de ella. (Rico,2001)

Otros Asentamientos de Vecinos

La mina La Joya
     La mina La Joya comienza su explotación bajo la Compañía The Bede Metal, arrancando desde los años 1882 hasta 1888, 91.301 Tm, con ley en cobre que no baja del 3% (Ríos, A)
Para transportar su mineral hasta los embarcaderos de Huelva, necesitó construir un ferrocarril de línea estrecha desde la propia mina hasta las cercanías del apeadero El Tamujoso a 11 km. de distancia, en conexión con la línea Zafra-Huelva.
Para el tratamiento del mineral hubo de construir una presa de considerables dimensiones y un extenso poblado minero.
No obstante esta explotación, la primera denuncia la formula, en marzo de 1867, Manuel Vázquez López, para explotación de manganeso.
Una segunda y tercera denuncias denominadas 2ª y 3ª Joya, la efectúa Don José Rodríguez García, en 1880, con doce pertenencias de mineral de cobre, la primera, con una extensión de 40.000 m2, y también con doce pertenencias y mineral de cobre la segunda, con 50.000 m2 de extensión.
Ambas concesiones caducaron, por ley, el 31 de diciembre de 1924 y rehabilitadas en diciembre del año siguiente, siendo definitivamente caducadas en octubre de 1976, por inactividad.

Los Marruecos.
    Citados ya en los diezmos arzobispales sevillanos de 1556, los lugares de Cobica, San Benito, Cabeza de las Puercas -en el campo de San Benito-, Castillejos, Cabeza de Andévalo, Val de Andévalo -al norte de la cabeza- Pocito, montesinos y Los Santos -en el campo de San Benito-, constituyen núcleos de viviendas donde se reunían varias familias en un intento de producción y defensa en tan amplio territorio.
El número de estos lugares diseminados iría aumentando con el tiempo y nacerían La Corte, Villar Izquierdo, Val de los Sorianos, La bujarda- único habitado hoy, identificado con el nombre de Los Marruecos, que tuvo alcalde pedáneo-, Villar Alférez, Alquería El Pozo -¿Pozito?- Villar Alto, Villarejo, Villar del Albardero... y así se les cita en los repartos de sementeras en los comienzos del siglo XVII.

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